La Voz Dormida - Una película de Benito Zambrano

La Voz Dormida - Una película de Benito Zambrano

NOTAS DEL DIRECTOR

La historia de cómo empezó esta aventura
Por Benito Zambrano. Director y Guionista

La novela “La voz dormida” de Dulce Chacón cae en mis manos de manera casual.

Estaba enfrascado en el guión de Habana Blues cuando una amiga me habló de un libro maravilloso que se estaba leyendo. La curiosidad me pudo más, y durante un descanso de la escritura de Habana Blues me atreví a leer unas páginas de ese libro supuestamente extraordinario. Efectivamente, sólo tuve que leer unas páginas para darme cuenta de que estaba ante una novela extraordinaria.

Para evitar que interfiera en el trabajo que ya estaba haciendo, decidí, con gran esfuerzo, no seguir leyendo. Me compré la novela, pero la tuve sin abrir durante varios meses. Hasta que un día, o mejor dicho, una noche que no podía dormir (el trabajo del guión de Habana Blues me tenía muy desvelado), decidí retomar su lectura. Y ahí se produjo el enamoramiento con la novela de Dulce Chacón.

Cada párrafo me llenaban de emoción, cada página la veía llena de imágenes cinematográficas. Muy pocas veces me había pasado algo igual. Nunca, hasta esa noche, me había planteado hacer la adaptación de una novela.

A la mañana siguiente, no quería hacerme falsas ilusiones con el libro, localicé a la escritora, a Dulce Chacón. Yo en Lebrija, ella en Madrid.

Fue una conversación telefónica muy emotiva. Ella no hacia mas que hablarme de “Solas”, le había encantado mi película, y yo le hablaba de lo entusiasmado que estaba de su novela. A ella le hizo una gran ilusión que yo quisiera hacer la adaptación de su novela y a mí me tenía fascinado su libro y, desde aquel momento, ella misma. Pocas personas he conocido tan linda y tan agradable como Dulce Chacón.

Desde aquel momento hicimos un pacto de colaboración y acordamos en vernos cuando yo subiera a Madrid.

Tarde varios meses en ir a Madrid. El guión de Habana Blues estaba casi terminado y teníamos que empezar la pre-producción.

Cuando por fin nos pudimos encontrar, Dulce estaba en el hospital. Aún no sabía que se iba a morir. « Era día de visita. La mujer que iba a morir no sabía que iba a morir.» Así termina la primera página de su novela. Era una trágica paradoja. Cuando yo conocí personalmente a Dulce, ella tampoco sabía que se iba a morir.

Aquella tarde en el hospital, la primera vez que nos veíamos cara a cara, ella me recibió con una hermosa sonrisa. Se disculpó porque tuviera que citarme en el hospital pero no había más remedio, a ella le estaban haciendo unas pruebas, aún no sabía que tenía cáncer, y tenía que estar toda la semana en el hospital. Yo sólo iba a estar unos días en Madrid, me tenía que regresar a Lebrija. Así que la habitación del hospital se convirtió en un curioso lugar de encuentro para hablar de la adaptación de su novela.

Días después, me dieron la terrible noticia. El resultado de las pruebas era que Dulce tenía un cáncer de páncreas muy avanzado. Le quedaban días, quizá un par de meses vida.

A petición del marido volví a visitarla un par de días más tarde. Increíblemente, Dulce me recibió con la misma cálida sonrisa de la primera vez, cuando aún no sabía que se iba a morir. Estuvimos hablando un buen rato de cómo veía yo la adaptación de su novela, hasta que el dolor y la morfina le hicieron perder el conocimiento durantes unos minutos. Quedamos en volvernos a ver, en trabajar juntos el guión si el cáncer se lo permitía. Eso nunca fue posible. Dulce Chacón murió un mes más tarde. No pude despedirme de ella. Yo estaba en Cuba preparando Habana Blues.

Desde aquella tarde, cuando ella me volvió a recibir con su cálida sonrisa, aún sabiendo que se iba morir, sentí que tenía que hacer la película de su novela, que era algo que tenia que hacer por mí y por Dulce. Ya era para mí, una deuda pendiente.