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«La Universidad es muy difícil», nos decían

Friday, 15 de January de 2010
En la Universidad no hay pausa que valga

En la Universidad no hay pausa que valga

En las clases de 4.º de ESO nos decían que «Bachillerato es muy difícil y tendréis que estudiar por lo menos dos horas al día para llevarlo bien». Nos metían el miedo en el cuerpo para que fuéramos “mentalizados”.

Una vez en el Bachillerato nos advirtieron a primeros de curso: «Primero de Bachillerato es difícil, y segundo aun más, porque el curso dura menos por la Selectividad y encima entra más temario». Pasan las semanas, y el nivel exigido no es tan alto. Y si alguien no empezaba muy bien —como a un servidor, que suspendió Química—, le decían «Tranquilo, el curso es largo y se puede recuperar» —cosa que entra en contradicción con el «Bachillerato es corto» de principios de curso—.

Ya en 2.º de Bachillerato nos metían tanto el miedo con el cuerpo con la «temida» Selectividad que los exámenes que hacíamos eran de Selectividad para, según ellos, «pillarle el tranquillo». Pero uno acaba la Selectividad y nos quedamos con la sensación del «Ah, ¿y ya está?», típica de las cosas que son menos de lo que aparentan.

Así que uno llega a la Universidad (palabra que ya de por si impone) con la lección bien aprendida: los profesores enseñan, pero también engañan. También llegamos advertidos desde Bachillerato de que «En la Universidad tendréis que estudiar un montón. Además, para los profesores no eres nadie, son unos ogros y te tratan como un puto número».

Llegan los parciales y las notas distan mucho de las de Bachillerato —en mi caso, seis o siete puntos menos de media—, pero existe el refugio del «Ya recuperaré», cosa que es mentira. Con el tiempo también ves que los profesores ni te ignoran ni son tan ogros. Hasta hay alguno que se sabe tu nombre o te saluda cuando lo ves por el pasillo.

Y llegan los exámenes finales, los jueces que deciden si apruebas la asignatura o no. La sensación después de cada uno es muy variable. En los que salen mal te empiezas a acordar de tus nulas técnicas de estudio, de esas lejanas frases de advertencia y de los que las decían (ahora resulta ser que tenían por una vez razón…). Y en esta situación estoy yo, a punto de hacer algo que nunca he hecho en mi vida: repetir.